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ALFONSO REYES

SEMBLANZA Y OBRA

 

* Dr. Jaime Cervantes Alvarez

 

Su padre, el general Bernardo Reyes nació en Guadalajara, Jalisco en 1850, militar desde los 15 años de edad, participó en varias batallas durante la Intervención Francesa.

Gobernó el estado de Nuevo León en tres períodos alternos y por más de 10 años durante 1885 y l909.

Designado secretario de Guerra y Marina durante el mandato de Porfirio Díaz de 1901 a 1903.

Intentó postularse contra Madero en 1911.

Murió durante el golpe de estado contra Madero en el inicio de la decena trágica frente al Palacio Nacional el 9 de febrero de 1913.

Alfonso Reyes Ochoa nació en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889 en donde estudió hasta la preparatoria que concluyó en la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México, al morir su padre obtuvo el título de abogado por la UNAM. Fundó ahí la cátedra de Historia de la Lengua y Literatura Española.

Logró fama como escritor, poeta y diplomático de espíritu agudo e inquieto.

Sobresalió como un digno representante de la nueva generación preocupada por romper los modelos del positivismo imperante.

Formó parte del "ateneo de la juventud", junto con Pedro Enríquez Ureña, Antonio Caso, José Vasconcelos, Luis Gonzaga Urbina y Nicolás Rangel, cuya pretensión fue renovar las artes y las letras de su país.

Poco después de la muerte violenta de su padre viajó a París iniciando una larga carrera diplomática por Francia, España, Argentina y Brasil.

Regresó a México en 1939. De inmediato presidió La Casa de España en México, antecedente del Colegio de México que fundó en 1943.

En los últimos años de su vida dirigió seminarios en el Colegio de San Nicolás en Morelia y en la UNAM.

En su Visión del Anáhuac, firmada en 1915 y publicada por primera vez en 1917 propone una nueva síntesis que no se detiene en las raíces españolas e indígenas de la nacionalidad, sino que anticipa la investigación filosófica y sociológica sobre el carácter dei mexicano.

Pocos años antes de morir presidió la Academia Mexicana de la Lengua de 1957 a 1959.

La erudición más severa, el relato, la crítica literaria y la curiosidad científica ocuparon su total atención.

Actualmente son más de 100 sus obras publicadas.

Distinguido como poeta postmodernista por la gentileza clásica y la total maestría expresiva y juiciosa, su biblioteca conocida como Capilla Alfonsina está abierta al público en la ciudad de México, donde murió en 1959 a los 70 años de edad.

A solicitud de Jaime Torres Bodet, entonces Secretario de Educación Pública, Alfonso Reyes redactó en 1944 un breve texto (ensayo) que llamó Cartilla Moral. La cartilla resume algunas de las más ilustres opiniones sobre la materia, de pensadores de la Grecia Clásica, a la que don Alfonso era tan aficionado y está escrita con sencillez, cortesía y claridad, tan deliberadas, que se antoja hecha para ser leída por cualquier estudiante de educación superior.

Además, la cartilla se ofrece al maestro, no tanto como un cuerpo de doctrina, sino como testimonio Pedagógico de uno de nuestros mejores escritores, de quien se ha dicho que fue "la versión mexicana de la cultura universal"

En esta colaboración sólo disponemos de espacio para transcribir íntegro el capítulo uno de la Cartilla Moral.

 

1.- LA MORAL Y EL BIEN

El hombre se educa para el bien. Esta educación y las doctrinas en que ella se inspira, constituyen la moral o ética. (La palabra moral procede del latín; la palabra "ética" procede del griego) Todas las religiones contienen un cuerpo de preceptos morales que coinciden en lo esencial. Pero el bien no sólo es obligatorio para el creyente, sino para los hombres en general. El bien no solo se funda en recompensa esperada. Se funda también en razones que pertenecen a este mundo. La conducta moral, esto es, movida por el bien, nos permite vivir en paz con nosotros mismos y en armonía con los demás. Por eso es importante.

El bien es una cuestión de amor y de respeto. Es amor y respeto a lo que es bueno para todos y aversión a lo perjudicial.

No todo está permitido. Lo excluido es aquello que está mal, que causa mal. El bien es benéfico y el mal es maléfico.

El bien no debe confundirse con nuestro interés particular en algún momento de nuestra vida. No debe confundírsele con nuestro provecho, nuestro gusto o nuestro deseo. El bien es un ideal de justicia y de virtud que puede imponernos el sacrificio de nuestros anhelos, y aún de nuestra felicidad o de nuestra vida. Pues es algo como una felicidad más amplia o que abarcase a toda la especie humana, ante la cual valen menos las felicidades personales de cada uno de nosotros.

Algunos han pensado que el bien se conoce sólo a través de la razón, y que, en consecuencia, no se puede ser bueno si, al mismo tiempo, no se es sabio. Según ellos, el malo lo es por ignorancia. Necesita educación.

Otros consideran que el bien se conoce por el camino del sentimiento y, como la caridad, es un impulso del buen corazón, compatible aún con la ignorancia. Según ellos, el malo lo es por mala inclinación. Necesita redención.

La verdad es que ambos puntos de vista son verdaderos en parte, y uno a otro se completan. Todo depende del acto bueno de que se trate. Para dar de beber al sediento basta tener buen corazón, ¡ y agua! Para ser un buen ciudadano o para sacar adelante una familia hay que tener, además, algunos conocimientos.

Aquí, como en todo, la naturaleza y la educación se completan. Por fortuna, el malo por naturaleza es educable en muchos casos y, por decirlo así, aprende a ser bueno. Por eso el filósofo griego Aristóteles aconsejaba la "ejercitación en la virtud para ser virtuosos".


 

* Profesor de Anatomía Humana y Cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila, Unidad Torreón. Subdirector del Centro de Investigación Biomédica.


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